Galería.

Un reloj, las cuatro de la tarde

Descripción

Esta galería luminosa distribuye las distintas dependencias de la casa. Un cuadro grande del pintor mallorquín Joan Miquel Ramírez pone de manifiesto, desde la entrada, la personalidad de la casa: los colores de Lanzarote logrados con materiales de la isla son la impronta de la vivienda. De ahí la alfombra de piedra volcánica que Saramago tanto cuidó y de la que tan orgulloso se sentía. Junto al espejo, un grabado de César Manrique, la primera adquisición de José Saramago en Lanzarote. La cita que ambos concertaron por teléfono no llegó a realizarse porque un accidente acabó con la vida del genial pintor lanzaroteño y universal poco antes del encuentro. Sin embargo Saramago incorporó a César Manrique a su imaginario afectivo y siempre reconoció la autoridad moral del artista que construyó monumentos y una forma de estar en el mundo desde el respeto por el medio ambiente y la belleza. Los otros cuadros que se muestran en la galería son un retrato de Saramago de la autoría del pintor portugués David de Almeida, que también firma la obra “sin título” que se encuentra frente a la puerta de entrada. De otro portugués, Rogério Ribeiro, es la obra pequeña que se ve sobre la cómoda, una mujer dando protección y amor. Los demás grabados o pinturas pertenecen a Hogan, a Graça Morais y, justo a la entrada, un paisaje islandés del pintor de Lanzarote Ildefonso Aguilar. Un delicado dibujo de Luís Pinto Coelho, un retrato de Pessoa, de José Dâmaso, y dos grabados  “Pessoa antes de ser grande”, de Bartolomeu dos Santos, completan el círculo y dan acceso al estudio de Saramago.

Un reloj con la hora que el escritor decidió que deberían registrar los relojes de la casa y que él mismo dejó marcada: las cuatro de la tarde, la hora en que conoció a su compañera, Pilar del Río Sánchez. Sobre los muebles, objetos reunidos por el escritor: la familia africana, artesanía comprada en África del Sur y desde allí transportada con mimo; una pequeña muestra de su colección de caballos; sobre el mueble art decó, un jarrón portugués que es una mujer tocando la viola; artesanía del siglo XVII; varias vasijas del siglo XIX, de Caldas da Rainha, representativas del arte popular portugués, y una estatua de un Cristo Yacente que Saramago encontró en un anticuario italiano y por la que sentía especial estima: un hombre que agoniza, amparado por dos ángeles que bien podrían ser dos personas. Sobre el mueble que está al lado de la entrada al estudio, varios libros antiguos, joyas bibliográficas editadas o compradas por Saramago, algunos objetos, un reloj con la hora que el escritor decidió que deberían registrar los relojes de la casa y que él mismo dejó marcada: las cuatro de la tarde, la hora en que conoció a su compañera, Pilar del Río Sánchez.

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