Sala de Juntas.

Poder contarlo sin claudicar

Descripción

Esta sala fue pensada inicialmente para las reuniones de la dirección de la Fundación José Saramago pero la realidad acabó imponiéndose: la Fundación tiene su sede en Portugal, es portuguesa, aunque su ámbito de acción sea la tierra que, simbólicamente, José Saramago tiene en las manos, acoge y respeta. En esta sala llamada “de juntas” sólo se celebró una reunión de la Fundación, luego algunas conferencias de prensa y algún encuentro con profesores. El verdadero uso de este espacio ha sido el de comedor cuando las reuniones eran más grandes o las circunstancias mandaban que tuvieran lugar fuera de la cocina de la casa. Los escritores Claudio Magris y Vargas Llosa, acompañados por sus respectivas esposas, fueron los últimos huéspedes de esta habitación por la que han pasado amigos de las más lejanas procedencias, y en paz y camaradería se ha cenado, han charlado y, podría decirse que todos, también José Saramago, se recrearon en la ceremonia del adiós.

En las paredes de esta sala se ve un grabado del Premio Nobel de Literatura Gao Xingjian, chino de nacimiento, francés de nacionalidad, pintor además de escritor. Otro dibujo de Alberti en la pared contigua , junto a Rogério Ribeiro y Cisela Björk, un cuadro grande de Miquel Ramírez; un paisaje de Islandia de Ildefonso Aguilar, país por el que Saramago sentía gran afecto; un mapa de Lisboa y unos balseros de Kcho, navegando hacia lo incierto, conforman las paredes. El drama universal de la emigración clandestina y precaria que cada día Saramago observaba y por el que sufría doblemente tenía que estar aquí contenidoEl drama universal de la emigración clandestina y precaria que cada día Saramago observaba y por el que sufría doblemente tenía que estar aquí contenido, en esta balsa de piedra que es la casa-biblioteca. Un día José Saramago vio una patera y al verla sintió el terror que debieron padecer hasta lo inimaginable quienes cruzaron el océano en esa cáscara de nuez, haciendo una travesía heroica para encontrar un futuro que tantas veces, ay, se les iba a escapar. Y quienes consiguieron vencer al mar oscuro o al sol ardiente, sin más armas o bagajes que la ropa puesta, acabarían encontrándose con la indiferencia de los países que se dicen civilizados, que no ponen remedio a la mayor tragedia de nuestro tiempo porque el ser humano no es prioridad absoluta, para demasiados es material descartable cuando ha sido usado y explotado. Por los emigrantes, por nuestra civilización, que no emplea bien y en justicia sus recursos, por eso sufría doblemente José Saramago, y esta faceta de su forma de estar en el mundo tenía que quedar dicha en este texto, porque era también la cotidianidad del hombre que habitaba la isla no para estar solo, sino para ver y oír mejor, y poder contarlo sin claudicar.

balseros

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