Cocina.

El hogar de la casa

Descripción

En los pueblos antiguos la cocina era un lugar de encuentro y convivencia. Así lo quiso Saramago: otra estancia de la casa abierta a amigos, lugar de conversación, trabajo, cenas y largas sobremesas… Amigos de distintos continentes que han consumido horas de conversación y de intercambio de ideas, de risas y de solidaridad.Por esta cocina han pasado personalidades imprescindibles de la cultura contemporánea, desde Bernardo Bertolucci a Susan Sontag, pasando por Juan Goytisolo, Carlos Fuentes, José Luis Sampedro, Carlos Reis, Eduardo Galeano, Marisa Paredes, Álvaro Siza Vieira, Ángeles Mastretta y Pedro Almodóvar, entre otros. Políticos como Mário Soares, José Luis Rodríguez Zapatero, Santiago Carrillo o Carme Chacón; jueces como Baltasar Garzón o Martín Pallín; amigos de distintos continentes que han consumido horas de conversación y de intercambio de ideas, de risas y de solidaridad. Sobre esta mesa Sebastião Salgado desplegó las fotos del trabajo en el mundo, y nada más verlas Saramago dijo que escribiría el texto que Salgado le solicitaba, aunque, decía Saramago, las fotos lo contaban todo. Lo mismo dijo Chico Buarque cuando las vio, pero también compuso una canción, Levantados del suelo se titula, que está en el libro que los tres firman, Salgado, Buarque y Saramago. Trabajo es el título.  La cocina es habitación, también es mesa donde se han oficiado ritos cada día: desayunos con pan y aceite, fruta, yogurt, té y el mundo entrando por los periódicos y el mar.

Distintas lozas (1) recuerdan el paso de Saramago por la geografía del mundo; una foto de José y Pilar, un círculo tratado con técnicas especiales, es un regalo de Emilio Aragón, el compositor de la partitura que dio música a su cuento La flor más grande del mundo, una tela de Cisela Björk desprende perfume en la cocina; otros cuadros de amigos; utensilios domésticos; el servicio que José Saramago utilizaba cada mañana; las teteras transportadas desde China; la máquina de café, tanto café portugués en Lanzarote…  El lugar de Saramago era la cabecera de la mesa que está más cerca de la entrada. El lugar no está vacío: de alguna manera ese espacio sigue presidiendo todos los encuentros.

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Response (1)

  1. maria
    13 abril, 2015 a 12:43 pm · Responder

    Creía que visitar la casa de alguien al que admiras, era violar su intimidad, una falta de respeto. La curiosidad no justificaba la intromisión, hasta que entre en su casa y lejos de sentirme espía de visicitudes domesticas, descubrí como el universo domestico es un espejo de nuestra alma: inteligente, hermoso, sereno, sencillo y ventilado por la brisa fresca del mar o las ideas.

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